Se clarifica el panorama político
Bolivia
Evo Morales ha seguido, casi mecánicamente, el modelo utilizado por Chávez para hacerse con el poder absoluto. Después de varios años en que laboró para desestabilizar el sistema logró, por fin, obtener un claro triunfo en las urnas. De allí en adelante comenzó a desarrollar la segunda etapa del proceso, la convocatoria a una Asamblea Constituyente, pero en ese punto el boliviano ha encontrado dificultades que no tuvo en su momento su mentor venezolano. Confiado en un triunfo que imaginaba aplastante, Morales aceptó que la constituyente adoptase sus resoluciones importantes por mayoría de dos tercios, pero no obtuvo los diputados suficientes como para controlar dicha asamblea y, desde comienzos de este año, Bolivia se ha visto envuelta en un conflicto político permanente.
La oposición no sólo se ha opuesto –hasta ahora con éxito- a las pretensiones de Evo Morales de cambiar las normas de funcionamiento de la constituyente; también ha avanzado en los reclamos por mayor autonomía que sostienen los departamentos del oriente del país, con Santa Cruz a la cabeza. En enero se produjeron dos muertes en Cochabamba, cuando se enfrentaron los partidarios del gobierno nacional contra los que favorecen la autonomía. El gobierno sigue tratando de ampliar el control estatal sobre la economía, en especial en el sector de la energía, y creando un clima contrario a los empresarios privados. Pero la constituyente, pieza clave en la estrategia de Morales, se ha estancado y se ha convertido en un torneo oratorio que no le está dando los frutos políticos concretos que buscaba. La asamblea, ante la imposibilidad de llegar a conclusiones concretas, ha acordado prorrogar sus sesiones más allá de lo estipulado inicialmente, lo cual puede considerarse como una muestra clara de las dificultades que se le presentan a Evo Morales en su intento de emular el despotismo de Hugo Chávez.

