Así, el Gobierno, al no poder ‘doblar el brazo’ de las autoridades prefecturales y cívicas, recurre a los partidos políticos sabiendo que históricamente han demostrado ser hábiles e inescrupulosos para ‘transar’, dizque, ‘en aras de los sagrados intereses nacionales’, después de que los denigraba por corruptos y por considerarlos responsables de que nuestro país haya llegado a los niveles de pobreza y corrupción en los que se encuentra.