Heredar un patrimonio que costó acumular y dilapidarlo, es la historia común de quienes se convierten en los causa habientes del difunto, sin merecer un solo cristo de aquello que heredan. Varios son los casos, que la historia oficial no registra, y que todos conocemos, en los que los presuntos herederos comienzan el festín con el de cujus aún tibio.
Ojala pase algo incruento que lo obligue a repensar su gestión de gobierno y comprender que los únicos que marchan contra la historia son él y sus mediocres acólitos.