Se disfraza de “Bolivariana” cuando le conviene, usa un manto de Marxismo indigesto para seducir a las viudas de la Unión Soviética, se encasqueta la capucha del militarismo engorilado bordada por Ceresole y Alberto Muller Rojas o se maquilla las verrugas con un socialismo del siglo XXI para retardados ideado por Haiman El Troudi.
Con la cola de saurio sobresaliendo entre el ropaje la bestia del petrofascismo chavista anda suelta por Venezuela y por aquellas regiones como Bolivia, Argentina y Nicaragua, cuyos líderes no resisten un “cañonazo” de $10 millones.